6/5/09

Historia de las Religiones: Islam

Mahoma, el Corán y el Islam


El Islam -religión que nació como una secta sincrética que unía elementos del judaísmo con los del cristianismo- supone una experiencia religiosa originalísima, en perfecta armonía con el entorno en el que surgió: el desierto atravesado por las caravanas de comerciantes, ciudades bulliciosas en los oasis donde se entrecruzan los caminos, predicadores de la religión abrahámica y anacoretas que buscan a Dios en la soledad, la mortificación y la meditación.

Mahoma es un creyente radical capaz de percibir en el rostro invisible de Dios su lado más misericordioso, de modo que todas las suras del Corán se inician invocando precisamente su misericordia. Su fe impetuosa le atrae pronto adeptos; en su familia en primer lugar, porque estamos en una cultura de clan, pero pronto entre los ciudadanos de Medina y La Meca, y en nuestros días por todo el mundo.

Mahoma cree, recibe directamente de Dios el texto sagrado y funda el Islam, la religión de los sumisos a la voluntad suprema del Creador. Una religión de teología absolutamente simple, y de una fecundidad asombrosa.

El nacimiento del Islam
"Islam" significa literalmente "sumisión incondicional a la voluntad de Dios". Éste es el sencillo y único mensaje del Corán, entregado al profeta Mahoma y por él predicado en Arabia entre los años 610 y 632. Pero como el texto del Corán contiene diversas alusiones a acontecimientos contemporáneos, estas alusiones exigen, para ser comprendidas, el conocimiento de algunos hechos.

En primer lugar, en política general era el tiempo en que las guerras entre Bizancio y Persia alcanzaban su punto culminante. Este estado de beligerancia tuvo graves repercusiones en el comercio de las diferentes regiones de Siria y Mesopotamia. No sabemos hasta qué punto pudo beneficiarse Arabia. El Corán alude a estas guerras, pero no imparcialmente: en realidad, simpatiza con los bizantinos.

Los árabes paganos
En el siglo VII Arabia profesaba principalmente las religiones paganas tradicionales, aunque cobraban cada vez más influencia algunas minorías importantes de judíos ortodoxos o cristianos de sectas marginales.

Predominaban dos tendencias religiosas, pero había individuos aislados que pertenecían a otras sectas. La gran masa árabe era pagana. En el Corán aparecen los nombres de algunos de sus ídolos, pero por lo general el texto se limita a recordar que los árabes no adoraban únicamente al Dios supremo y creador, sino que asociaban a Dios otros dioses. El Corán no les llama ni paganos ni politeístas, sino "asociadores" y su crimen, "asociación". Reconocen que Dios ha creado el cielo y la Tierra, pero adorarle les deja fríos, sólo vibran cuando invocan a otros dioses. De esos otros dioses, de esos "asociados", el Corán habla sobre todo, en general, para demostrar su impotencia, para describir su ruina el día del Juicio Final y para burlarse de ellos cuando se trata de divinidades femeninas. El Corán presenta a estos árabes como personas muy apegadas a las tradiciones de sus antepasados, que rechazaban un Islam que se oponía a estas tradiciones, especialmente en dos puntos: el monoteísmo y la resurrección de los muertos. Acerca de este último punto, el Corán no cesa de polemizar y de acumular argumentos: Dios, que ha creado el mundo o el embrión en el seno de la madre, es también capaz de devolver la vida a los difuntos mediante una especie de segunda creación. Quien por la lluvia devuelve la vida al desierto seco, es también capaz de devolver la vida a las osamentas secas.

Ciertamente, ni el monoteísmo absoluto ni el dogma de la resurrección de la carne se compaginaba con el sentir de las religiones tradicionales árabes. En cambio, la atmósfera propiamente árabe se reconoce en el Corán en algunos puntos: la existencia de seres misteriosos, llamados genios; el culto a la generosidad, a la bravura, a la solidaridad familiar, al cultivo de la elocuencia. También de la tradición árabe provienen los meses sagrados, durante los cuales estaban prohibidas las hostilidades.

Cristianos y judíos en Arabia
El Corán contiene numerosos elementos de las literaturas bíblica o rabínica. El monoteísmo coránico se sitúa en la línea del judaísmo y la proclamación coránica de la unicidad de Dios bajo la forma la ilah illa llah ("No hay más dios que Dios" constituye un eco del versículo de la Biblia: "Soy Yahvé, sin igual. Fuera de Mí, no hay Dios". En cuanto a la resurrección de los cuerpos, se enseñaba en el judaísmo tanto como en las sectas cristianas. Son numerosas las imágenes que se encuentran a la vez en el Corán y en la tradición bíblica; para el musulmán, todo se explica por el origen común de los libros sagrados, es decir, por la revelación divina.

Es evidente que hubo contactos entre las comunidades judías o cristianas y la comunidad musulmana primitiva. Los cristianos contemporáneos consideraban que el Islam era una nueva secta derivada del tronco bíblico.

La existencia de comunidades judías en Arabia es un hecho comprobado. En el oasis de Medina, a 425 kilómetros al norte de La Meca, donde los musulmanes buscaron refugio en el año 622, existía una poderosa colonia judía o, más probablemente, de árabes judaizados. Había colonias análogas en una serie de oasis que se escalonaban entre Medina y Jordania. En Medina, la presencia judía es absolutamente segura, y los textos hablan de rabinos y escuelas. La comunidad parecía estar bien estructurada. Había, asimismo, una presencia judía en el sur de Arabia, en el Yemen. Varios documentos mencionan al rey judío que persiguió a los cristianos en el oasis de Nachran (a 800 kilómetros al sudeste de La Meca), hacia el año 523.

Por lo que respecta a los cristianos es un hecho su establecimiento en Arabia. Se mencionan iglesias en el Yemen, y las relaciones políticas y guerreras con la Abisinia cristiana se traducen asimismo en una presencia cristiana. Los cristianos de Nachran enviaron una delegación para discutir con los primeros musulmanes la conclusión de un pacto de protección. Había monjes cristianos en varios puntos del camino que comunicaba La Meca con Siria, y la tradición ha conservado el recuerdo de uno de ellos, Bahira, quien habría visto a Mahoma.

Pero en La Meca y en Medina las tradiciones musulmanas mencionan a monoteístas y cristianos buscadores de Dios. ¿A qué sectas pertenecían esos cristianos? Es difícil de decir: el desierto siempre fue refugio o exilio de inconformistas.

Arabia en el siglo VII
La península de Arabia está limitada al oeste por el mar Rojo, que se extiende desde el Sinaí hasta el océano Ã�ndico, con el puerto de Adén. A mitad de camino entre el Mediterráneo y Adén, a 80 kilómetros del mar Rojo, se encuentra una ciudad de nombre ahora famoso: La Meca. Esta ciudad, muy antigua, era a fines del siglo VI un activo centro comercial y caravanero, al mismo tiempo que de peregrinaciones. Como la navegación del mar Rojo presentaba ciertos riesgos, las grandes corrientes comerciales entre la India y el mundo grecorromano habían buscado otras rutas. Una de ellas pasaba por La Meca. Las mercancías, transportadas con facilidad por mar desde la India hasta Adén gracias a los vientos estacionales del monzón, eran recogidas, primero, por las caravanas de Adén a La Meca y, luego, por las de La Meca a Siria o Egipto. Toda la vida en La Meca dependía de la llegada y salida de las caravanas.

Glosario coránico
El Corán es, ante todo, un libro religioso, que define cierto tipo de relaciones entre el hombre y Dios, entre la criatura y su Creador. En su lectura, en su meditación y en su recitación millones de hombres han encontrado a Dios. Además, la influencia excepcional que ha ejercido y ejerce aún hoy día es incomprensible fuera del plano religioso.

La doctrina coránica conmueve por su simplicidad tanto como por la capacidad de proyección mística a la que lleva su estudio. Sus elementos fundamentales son la sumisión a la voluntad divina ("Islam", la limosna a los pobres y la justicia en las relaciones humanas, la resurrección de los muertos y el juicio final. Aun así, algunos vocablos árabes y algunos conceptos particulares, como los que se describen a continuación, pueden ayudar a comprender el texto.

Agradecimiento: El agradecimiento es del hombre para con Dios, no de los hombres entre sí.

Alá: Dios.

Aleya: Versículo del Corán, considerado como signo de la omnipotencia de Alá.

Alquibla: Dirección de la Caaba en La Meca, adonde debe orientarse el musulmán durante la azalá.

Amonestación: Recuerdo que se hace de una enseñanza religiosa para su consideración. La "Amonestación" es el propio Corán.

Asociación o sinteísmo: Pecado enorme que consiste en equiparar a Dios con otro u otros entes. El asociador o sinteísta es diferente del idólatra y del politeísta.

Auxiliares: Los primeros convertidos de Medina al Islam, que dieron asilo al Profeta y a sus compañeros.

Azalá: Oración institucional obligatoria, diferente de la invocación.

Azaque: Impuesto-limosna legal sobre los bienes, diferente de la limosna espontánea.

El Camino: El camino que conduce a la Verdad, el camino por excelencia.

Corán: Escritura revelada por Dios a Mahoma con encargo de que la comunicara a los hombres. Otros nombres: "Escritura", "Amonestación", "Criterio".

Creador: Alá es el único Dios, el creador del hombre. Éste le adora, se somete absolutamente a su voluntad y vive en su presencia.

Criterio: Norma que permite distinguir la verdad de la falsedad, el bien del mal, lo permitido de lo prohibido, a los creyentes de los que no lo son, y facilita la salvación.

Desagradecer: El desagradecido a los beneficios divinos pasa a ser infiel.

Desmentir: Decir a los enviados de Dios que mienten, tachar los signos de Dios de mentira.

Dios (Allah): El único Dios real. Alá es el vocablo árabe para designar a Dios y lo emplean tanto los musulmanes como los árabes cristianos.

Dirección: Lo que lleva rectamente hacia la verdadera religión. La Torah y el Evangelio son direcciones, el Corán es "La Dirección".

Edén: El paraíso o morada de los bienaventurados.

Emigrados: Seguidores de Mahoma que emigraron de La Meca a Medina antes o después que él.

Enviado: El Corán no ofrece una clara distinción entre "enviado" y "profeta", aunque los distingue. Para la tradición poscoránica, enviado es el receptor de la revelación divina que ha recibido el encargo de transmitirla a toda la humanidad o a una parte de ella. "El Enviado" es Mahoma. Para la tradición, es "profeta" quien recibe una revelación de Dios y predica, amonesta; la predicción del futuro le es extraña. "El Profeta" es Mahoma.

Escritura: Las Escrituras, en general, son todas las Escrituras reveladas por Dios. Las Escrituras mencionadas en el Corán son: la Escritura Matriz, el propio Corán, la Torah (de Moisés), el Evangelio (de Jesús), los Salmos (de David), las Hojas (de Abraham y de Moisés).

Evangelio: Escritura de los cristianos contemporáneos del Profeta.

El Fuego: El fuego del infierno.
Gabriel: Ángel encargado de la revelación de Dios a Mahoma. Llamado también "el

Espíritu", "el Espíritu Santo", así como "el Espíritu digno de confianza".

Gehena: Infierno.

Gente de la Escritura: Depositarios de una Escritura; en particular, los judíos y los cristianos.

Hanif: Monoteísta inflexible preislámico -no judío ni cristiano-, cuyo prototipo sería Abraham. Individualidad disidente en un medio pagano, buscador de Dios.

Hijos de Israel: Antepasados bíblicos de los judíos. Cuando en el Corán se habla de los "judíos", se refiere a los contemporáneos de Mahoma.

Hipócritas: Es un concepto religioso. Eran medineses (y medinesas), musulmanes de palabra, infieles de corazón, observantes remisos, indignos de confianza, intrigantes, oportunistas. Su jefe era Abd Allah ibn Ubayy.

Las Hojas: Libros (hoy considerados aprócrifos) que contendrían las revelaciones comunicadas a Abraham y Moisés.

La Hora: El día de la Resurrección.

Iblis: Nombre personal del Demonio. En la sura 24 y en otras aleyas, Iblis es un ángel o un genio.

Ignorar: Suele tener una acepción moral -ignorar la ley de Dios- y alguna vez, intelectual.

Infiel: Aquel que, conscientemente, no acepta la revelación divina. Su postura, pues, no es pasiva, sino activa y, por tanto, es diferente de "pagano".

Invocación: Oración individual y libre; por tanto, diferente de "azalá".

Islam: Sumisión incondicional a la voluntad de Dios. De aquí la religión predicada por Mahoma, la "Religión".

El Jardín: El paraíso terrenal; el paraíso o morada de los bienaventurados.

Judíos: Véase "Hijos de Israel".

Letras enigmáticas: Son letras recitadas como si fueran del alfabeto al comienzo de 29 suras; están aisladas o formando grupos de hasta cinco, en combinaciones variadas, cuya significación, si es que la tienen, no ha sido aún resuelta satisfactoriamente. Podría tratarse de abreviaciones de palabras, frases o ideas de las suras; de nombres de propietarios de colecciones de suras; de símbolos mágicos, místicos, o de simples valores numéricos.

Lo oculto: Los misterios metafísicos.

Pagano: Quien no ha recibido la revelación divina; es, por tanto, diferente de "infiel". Véase también "ignorar".

Peregrinación: La peregrinación mayor a La Meca es de carácter colectivo y obligatorio, y se celebra en los días prescritos. La peregrinación menor es de carácter individual y potestativo, y puede realizarse en cualquier época del año. Con frecuencia, ambas peregrinaciones fueron confundidas ya en vida del Profeta.

Profeta: Véase "enviado".

Saber: Muchas veces tiene más una acepción moral que intelectual. Véase "ignorar".

Sakina: Término de difícil traducción, en su origen significa "presencia divina". Los comentaristas musulmanes lo interpretan como "tranquilidad del alma".

Servir: Cuando se dice "Servid a Señor", suele significar "Dad adoración al Señor".

Siervo: Suele sugerir la idea de "siervo del Señor", "hombre"; alguna vez también "esclavo".

Signo: En sentido amplio, evocación; en sentido estricto, prueba irrebatible (un fenómeno natural, un prodigio, una "aleya" de la omnipotencia de Dios).
Sura (en español también llamada "azora": Capítulo del Corán.

El Ungido: Sobrenombre, de significado impreciso, de Jesús. En la aleya 45 de la sura 3 parece entenderse como nombre propio, pero no tiene forma de tal.



Muhammad, el Profeta

Mahoma tenía unos cincuenta años cuando la primera comunidad musulmana emigró de La Meca a Medina en el año 622. A los musulmanes les gusta citar la aleya llamada "peregrinación de despedida", proclamada durante la peregrinación que en 632 dirigió Mahoma poco antes de su muerte: Hoy os he perfeccionado vuestra religión, he completado mi gracia en vosotros y me satisface que sea el Islam vuestra religión.

Mahoma nació hacia el año 570. Su padre Abd Allah estaba de viaje y murió lejos sin haber podido conocerle. Su madre lo confió a un ama, según la costumbre de la época, y creció en el desierto. Su nodriza se llamaba Halima. Entre los árabes, las relaciones colactáneas eran consideradas un verdadero vínculo familiar, y creaban unas solidaridades de las que Mahoma se beneficiaría al crear el Estado musulmán en Medina.

Huérfano de padre, Mahoma perdió a su madre a los siete años. En La Meca, con su familia, fue educado por su tío Abu Talib, que le protegió hasta la muerte. En reconocimiento, Mahoma se obligaba a cuidar de su primo Alí, hijo de Abu Talib. El Corán menciona la orfandad y la protección que Dios dispensó a Mahoma: el texto pide a quien se ha beneficiado de tal gracia que ayude, a su vez, a los huérfanos y a los débiles.

De la adolescencia de Mahoma nos han llegado algunas narraciones en las biografías tradicionales. Según ellas, en cuanto tuvo edad tomó parte en las caravanas comerciales y se convirtió en el hombre de confianza de una viuda rica, Jadicha, con la que se casó enseguida, aunque ella tenía unos quince años más que él. Las tradiciones se complacen en relatar hechos edificantes, sobre todo con el fin de demostrar que Mahoma era fiel y fiable cuando afirmaba que hablaba en nombre de Dios.

La revelación
Hacia el año 610, Mahoma se encontraba orando en una gruta del monte Hira, en el desierto próximo a La Meca, cuando tuvo la visión de un personaje enorme que le dio la orden de predicar. Inquieto, abandonó la gruta y confió su turbación a Jadicha, quien a su vez consultó con su primo cristiano Waraqa ibn Nawfal. Este la tranquilizó y afirmó que la visión venía de Dios. No tuvo más visiones durante casi tres años, pero en 612 se reanudaron. El Corán alude a estas manifestaciones y maldice a quienes trataron a Mahoma de poseso, iluso y extraviado. Toda la tradición musulmana ve en las visiones del Profeta al Ángel de la Revelación, quien le encomendó la misión de advertir a los malos que su conducta les llevaría al infierno, y anunciar a los buenos la buena nueva del paraíso. La dureza de corazón para con los pobres y la oposición a los enviados de Dios, ésas eran las causas de condenación. El Corán recoge alguna de las polémicas entre Mahoma y el pueblo que rehusaba creerle.

La primera conversa de la nueva religión fue su esposa, Jadicha, a la que siguieron su primo Alí y un amigo, el futuro primer califa Abu Bakr. Sus adversarios le exigían milagros y pasaron a los hechos contra los musulmanes. Ante estas dificultades, Mahoma envió a Abisinia (h. 616-617) un primer contingente de discípulos amenazados por la persecución. En La Meca, los paganos boicotearon a los musulmanes. Pero en 619, cuando la crisis empezó a ceder, Mahoma perdió sucesivamente a su esposa, Jadicha, y a su tío Abu Talib. Sin protectores en la familia, quedaba a merced del primero que quisiera asesinarle. Tuvo que buscar protección y se dirigió a Taif, ciudad que le rechazó. Fueron los medineses llegados en peregrinación anual quienes le aceptaron, se convirtieron y le prestaron juramento de obediencia. Finalmente, en 622, Mahoma emigró a Medina con sus fieles.

El primer estado islámico
En Medina, Mahoma se convirtió en jefe del oasis y firmó un pacto con las tribus judías, imponiéndoles una especie de protectorado que ellas nunca aceptaron. Entre las tribus árabes paganas de Medina que se adhirieron al Islam, había cierto número de miembros que se mantuvieron muy reservados. Entre los musulmanes de Medina y los paganos de La Meca no tardaron en estallar las hostilidades. Según la ley del desierto, cuando un grupo se separa de otro y emigra, declara por el mismo hecho la guerra a aquel que acaba de dejar. Al principio hubo escaramuzas. El primer choque se produjo en marzo de 624 y, aunque los musulmanes eran tres veces menos numerosos que sus adversarios, su éxito constituyó un gran triunfo. Al año siguiente, en un nuevo encuentro en Uhud, cerca de Medina, poco faltó para que los musulmanes fueran vencidos. En 627 hubo una última y muy breve expedición de los paganos, la llamada "campaña del foso", porque los musulmanes habían abierto un foso para proteger Medina. En 628 se firmó un tratado entre los paganos y los musulmanes, una victoria moral para el rebelde de otro tiempo, que ahora era tratado como un igual.

Después se produjeron incursiones hacia el norte. La toma de La Meca tuvo lugar en 630. La actitud musulmana se endureció. Una batalla en Hunayn, en la carretera de Taif, estuvo a punto de terminar mal, pero se decidió a favor de los musulmanes y dio pie a conversiones en masa.

En la vejez del Profeta, surgieron algunas dificultades en su harén. Después de la muerte de Jadicha, Mahoma había vuelto a casarse y sólo había tenido una esposa hasta el día en que se casó con Aisa, hija de su amigo Abu Bakr. Sin embargo, durante los nueve últimos años de su vida, sus matrimonios se multiplicaron tanto para consolidar alianzas con diversos clanes como para acrecentar su prestigio de jefe, según las costumbres árabes. Aisa fue acusada de adulterio y la comunidad se dividió. Mahoma se casó con la mujer de su hijo adoptivo en contra de las costumbres árabes, y mantuvo más de las cuatro esposas autorizadas por el Corán con la condición de que el marido obre con arreglo a la justicia.

En 632, poco antes de su muerte, el Profeta declaró que su mensaje estaba completo.

Nombres ilustres de la fundación del Islam

Abd al-Muttalib: Abuelo de Mahoma, a quien acogió a la muerte de Amina.

Abd Allah: Padre de Mahoma: estaba de viaje cuando éste nació y murió lejos sin llegar a conocerle.

Abd Allah ibn Ubayy: Jefe de los adversarios políticos de Mahoma, que, aunque pocos en número y sin formar un partido definido, se hicieron fuertes entre los años 625 y 627.

Abu Bakr: Amigo de Mahoma, tercer converso del Islam y sucesor del Profeta como primer califa. Ordenó la primera recopilación de los textos coránicos.

Abu Lahab: Enemigo de Mahoma, se resistió, con su esposa, al ministerio del Profeta.

Abu Talib: Tío de Mahoma, a la muerte de Abd al-Muttalib, se hizo cargo de su educación.
Aisa: Hija de Abu Bakr y segunda esposa de Mahoma.

Alí: Hijo de Abu Talib, primo de Mahoma, quien se hizo cargo de él a la muerte de su tío. Segundo converso del Islam.

Amina: Madre de Mahoma; al nacer éste, le confió a un ama, según la costumbre de la época. Las relaciones colactáneas eran consideradas entre los árabes como verdaderos vínculos familiares. Murió cuando Mahoma tenía siete años.

Bahira: Monje cristiano que presintió milagrosamente el porvenir del joven Mahoma cuando se encontró con él por vez primera.

Coraixíes: Árabes sedentarios cuya tribu constituía la población de La Meca y a la cual pertenecía Mahoma.

Hafsa: Hija de Umar y una de las esposas de Mahoma. A la muerte de su padre, recibió la custodia del texto coránico.

Halima: Nodriza de Mahoma.

Jadicha: Viuda rica protectora del joven Mahoma, con quien contrajo un temprano matrimonio. Primera conversa del Islam.

Musaylima: Profeta árabe contrario a los musulmanes.

Sachab: Profetisa cristiana enfrentada a los musulmanes después de la muerte de Mahoma.

Umar: Consejero de Abu Bakr y su sucesor como califa.

Utman: Sucesor de Umar. Ordenó reunir de nuevo y establecer los textos del Corán.

Waraqa ibn Nawfal: Primo de Jadicha y cristiano, que poseía libros en hebreo y conocía esta lengua. Afirmó que la criatura que Mahoma había divisado era el Ángel de la Revelación.

Yasir: Primer mártir del Islam. Su hijo apostató después de haber sido sometido a tortura.

Zayd ibn Tabit: Joven familiar de Mahoma, a la muerte de éste recibió el encargo de reunir por escrito todos los textos coránicos. Lo hizo de nuevo bajo el califato de Utman.

Cronología de Mahoma
La cronología de la época no tenía la precisión que revestiría más tarde, por lo que, según la tradición, los años se designaban simplemente por el hecho más relevante que se había producido.

- 570 Mahoma nace en La Meca

- 576 Mahoma pierde a su madre Amina y es recogido por su abuelo Abd al-Muttalib

- 578 Muere Abd al-Muttalib y Mahoma es confiado al cuidado de su tío Abu Talib

- 595 Mahoma se casa con la viuda Jadicha

- 610-632 Revelación del Corán a Mahoma

- 613 Mahoma comienza su predicación

- 615 Emigración de musulmanes de La Meca a Abisinia

- 616 Primeros mártires musulmanes

- 619 Mahoma pierde a su esposa Jadicha y a su tío Abu Talib

- 620 Mahoma visita Taif

- 621-622 Guerras y compromisos de al-Aqaba

- 622, 16 de julio Comienzo de la Hégira o calendario musulmán

- 24 de septiembre Mahoma y Abu Bakr, emigrados de La Meca, llegan al oasis de Yatrib

- 623, a fines de año Cambio de alquibla: de Jerusalén a La Meca

- 624, enero/febrero Mahoma rompe con los judíos
15 de marzo Batalla de Badr: los musulmanes vencen a los guerreros de La Meca
septiembre Umm Kultum, hija de Mahoma, se casa con Utman, futuro califa

- 624 ó 625 Fátima, hija de Mahoma, se casa con Alí, futuro califa

- 5, finales de enero Mahoma se casa con Hafsa, hija de Umar, futuro califa
23 de marzo Batalla de Uhud: los musulmanes son vencidos en La Meca por los mecanos
agosto Expulsión de Medina del clan judío de Nadir

- 627, abril Exterminio del clan judío de Qurayza

- 628, marzo Tregua de Hudaybiyya
mayo Conquista del oasis de Jaybar

- 629, marzo Mahoma realiza la peregrinación menor a La Meca

- 630, enero Conquista de La Meca

- 630, 31 de enero Batalla de Hunayn
octubre-noviembre Expedición a Tabuk

- 631 Mahoma recibe en Medina a una delegación de cristianos de Nachran

- 632, febrero-marzo Mahoma realiza su peregrinación de despedida a La Meca

- 632, 8 de junio Mahoma muere en Medina, sin dejar ninguna colección de revelaciones

- 632-634 Califato de Abu Bakr

- 633, a principios de año Batalla de Yamama: mueren muchas personas que conocían el Corán de memoria

- 633-650 Formación de varias colecciones coránicas

- 634-644 Califato de Umar

- 644-656 Califato de Utman

- 651 Establecimiento del texto canónico del Corán por orden del califa Utman

- 656-661 Califato de Alí.



El Corán

Texto sagrado que se recita
El Corán es el libro sagrado de los musulmanes. Es una recopilación que reúne una serie de oráculos o textos escritos en lengua árabe, predicados a sus discípulos por el fundador del Islam, Muhammad ibn Abdallah -Mahoma- entre los años 610 y 632.

Para el musulmán, el Corán no es una palabra humana, sino la palabra misma de Dios, entregada físicamente a los hombres por un enviado especial, un profeta. Según señala el Islam, el autor del Corán es Dios y Mahoma no hizo más que transmitirlo, comunicarlo. El Islam concede también gran valor a las palabras propias de Mahoma, pero en un plano muy inferior al del Corán, y su recopilación constituye lo que se llama hadiz o tradición. El Corán, en primer lugar, como don supremo de Dios, seguido de las tradiciones, constituye la base del Islam.

Respecto a la lengua árabe, es para el musulmán aquella en la que fue revelado el texto coránico. Para él, el estilo árabe del Corán es milagrosamente bello, imposible de imitar: cualquier traducción del Corán a otra lengua no puede sino desfigurar el texto. Después de muchas discusiones, la mayoría de los teólogos musulmanes han terminado por admitir que las traducciones son legítimas en tanto en cuanto permiten conocer las "ideas" del Corán. Además, salvo en casos muy especiales, la ley prohíbe formalmente el empleo litúrgico del Corán traducido.

El problema de los orígenes del Islam y del Corán ha suscitado numerosas controversias. En la perspectiva musulmana todo es sencillo. Dios, después de haber creado el cielo y la tierra, creó al hombre en la persona de Adán, le enseñó los nombres de todos los seres y le encargó que fuera su vicario en la tierra. Desde los albores de la historia de la humanidad, la religión deseada por Dios fue el Islam, pero como los hombres lo olvidaron, Dios envió a profetas para recordárselo. Además, estos profetas-enviados podían tener otra misión, la de promulgar una legislación temporal que se injertara en la religión inmutable.

De este modo, la historia de la humanidad se entendió como la de sucesivos envíos de profetas a los distintos pueblos. Unos fueron enviados a los pueblos de Arabia y otros, a los hebreos. El penúltimo de los enviados fue Jesús, criatura simple, enviado únicamente a los hijos de Israel. Al final, cuando se cumplió el tiempo, Mahoma fue enviado a los árabes primero y luego a toda la humanidad. Después de él, no será enviado ningún profeta y la legislación promulgada en el Corán será válida hasta el día de la Resurrección.

Autenticidad del texto
La historia de la expansión musulmana es posterior a los acontecimientos descritos en el Corán. Mahoma murió en 632. Entonces tuvo lugar la secesión de las tribus árabes que se habían sometido al Islam. La rebelión fue general y los historiadores designan esa apostasía con el nombre de ridda. Abu Bakr, compañero de los primeros tiempos y padre de Aisa, la esposa más joven y predilecta de Mahoma, fue nombrado califa, jefe de la comunidad musulmana. Como los compañeros de Mahoma no conocían de memoria los textos del Corán, la desaparición del Profeta suponía la pérdida de numerosos pasajes. Abu Bakr, aconsejado por Umar, dio la orden de reunir por escrito todos los textos coránicos. La tarea le fue encomendada a un joven musulmán, Zayd ibn Tabit, junto con una comisión de varios miembros presidida por él.

Antes, los oráculos coránicos proclamados por Mahoma habían sido grabados en la memoria. En aquella época, para hombres que vivían en una civilización oral, conocer de memoria centenares de versos era un juego de niños. Sin embargo, según la tradición, los musulmanes habían puesto por escrito un buen número de pasajes. Todo este material fue recogido, se interrogó a docenas de compañeros del Profeta y, finalmente, se estableció un texto oficial, que fue remitido a Abu Bakr. Éste lo conservó y, a su muerte (634), se lo confió a su sucesor, el califa Umar (634-644), quien, al morir, se lo confió a su hija Hafsa, una de las viudas de Mahoma.

Con la dispersión de los musulmanes ocasionada por las conquistas, el texto coránico corría un nuevo peligro: los nuevos conversos amenazaban con modificar las lecturas. Por otra parte, la comunidad musulmana vivía en estado de tensión y era importante que no pudiera utilizarse el Corán en las luchas internas con fines partidistas. El califa Utman mandó hacer una edición oficial del texto y se encargó otra vez del trabajo Zayd ibn Tabit. Éste tomó de nuevo los documentos y reanudó la encuesta. Por fin, se estableció el texto oficial y se enviaron sendos ejemplares a las principales ciudades del imperio islámico.

Sin embargo, hasta el siglo IX no se dispuso del texto definitivo; además, no hubo un solo texto, sino varios, que se llamaron "lecturas". En un principio se admitieron siete lecturas oficiales, luego, diez y después catorce. Desde luego, las variantes de estas lecturas son mínimas: se trata con frecuencia de una persona verbal y poca cosa más.

Desde que tuvo lugar la fijación oficial de las lecturas, el texto coránico se ha conservado con escrupuloso cuidado.

Desde el principio, el Corán se presentó como la religión bíblica (tal como se la conocía en La Meca) descendiente de Abraham, pero en Medina, después de que se manifestaran las diferencias entre el Islam y las comunidades judía y cristiana, el Corán se presentó como la reforma del judaísmo y el cristianismo. El Islam, desde entonces, declara ser la única religión verdadera, el retorno a la pureza de la religión de Abraham.

La lectura del Corán
El texto oficial del Corán se divide en 114 suras, o capítulos, y cada capítulo en aleyas. Las aleyas no son simplemente versículos, a modo de divisiones (arbitrarias o a efectos de memorización) del texto, sino que en la fe islámica cada una de las aleyas tiene el significado de una particular manifestación del poder de Dios y de su bondad.

Un texto espiritual
El Corán no es un libro de enseñanzas abstractas, sino un texto de exhortaciones que interpelan continuamente al auditorio, le piden que mire, que reflexione, atrae su atención hacia los signos. No es un texto compuesto de una vez, sino una serie de fragmentos proclamados sucesivamente por Mahoma y agrupados más tarde. Tampoco hay por qué leerlos de una tirada. A veces, tal o cual aleya se basta a sí misma y forma una unidad, tal o cual párrafo forma un todo independiente del resto. E incluso la mención de tal o cual hecho histórico o de tal o cual fenómeno de la naturaleza no se hace por sí misma, sino por la lección que va a obtenerse. Vale más demorarse en la lección que en los hechos o fenómenos evocados.

Un texto intocable
Desde los primeros tiempos, la tradición teológica musulmana se opuso a que el libro sagrado fuera traducido a otras lenguas además del árabe; en efecto, en tanto que palabra de Dios entregada directa y personalmente al Profeta para que la divulgara entre los hombres, ese texto sagrado era intocable. Sólo en los últimos tiempos se admite la licitud de las traducciones, e incluso éstas se fomentan, aunque se las considera como simples comentarios y auxilizares del texto original. Sin embargo, y a pesar de los primitivos y constantes recelos, desde muy temprano aquellas traducciones se multiplicaron inevitablemente al tiempo que el Islam se extendía más allá de Arabia. La primera traducción latina conocida fue realizada hacia 1141 por el monje Pedro el Venerable, abad de Cluny (1092-1156). La primera a una lengua vulgar de la que se tiene noticia fue al catalán por encargo de Pedro IV (en la actualidad esta traducción se ha perdido). En cuanto a las versiones en lengua española, se sabe que en el primer tercio del siglo XV Juan de Segovia (1400-1458) realizó una versión trilingüe árabe-latín-castellana.

Un texto para la meditación
La lectura del Corán, tal y como se practica en la mezquita o en las casas de los musulmanes piadosos, es una lectura meditada, pausada, que recuerda al espíritu algunas verdades esenciales. El lector las descubrirá por sí mismo, lo mismo si abre el libro al azar que si se deja guiar por indicaciones ajenas.

Clasificación de las suras
En el Corán las suras están clasificadas según una longitud decreciente, a partir de la más larga, la sura 2. Cada sura, excepto la novena, comienza con la fórmula: ¡En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso!, que el musulmán emplea constantemente al principio de una acción, de una empresa, etc.

Cronología de la redacción
Los musulmanes conceden una gran atención al orden histórico de las suras. Muchas de las ediciones árabes del Corán señalan este orden tal como lo enseñaban los autores de los siglos X y XI: además de la distinción entre suras mecanas (de La Meca) y suras medinesas (de Medina), observan si una sura fue predicada antes que otra. Esto tiene gran importancia en el derecho islámico porque, por haber cambiado la legislación coránica en algunos puntos ya en vida de Mahoma, una aleya puede abrogar otras aleyas más antiguas. Por tanto, y cronológicamente, la última aleya de una serie de ellas será la que haga ley.

La primera sura o Fatiha
En el Corán la primera sura, "la que abre", ha de ser puesta aparte. Los musulmanes la recitan sin cesar como oración y desempeña entre ellos el papel del Padrenuestro entre los cristianos.

¡"En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso!
Alabado sea Dios, Señor del universo,
el Compasivo, el Misericordioso,
Dueño del día del Juicio.
A Ti sólo servimos y a Ti sólo imploramos ayuda.
Dirígenos por la vía recta,
la vía de los que Tú has agraciado, no de los que han incurrido en la ira, ni de los extraviados".



El Dios creador y el hombre en el Corán

Una relación de omnipotencia y gratitud
Aunque el Corán exalta la grandeza y la omnipotencia de Dios, no por ello aplasta al hombre, que conserva su personalidad y su consistencia. Cuando el Corán menciona a Dios creador, es muy raro que no evoque al mismo tiempo a la criatura. Con ello atrae la atención del creyente a la magnificencia de este mundo y a las responsabilidades del hombre.

Por lo general, el Corán se sitúa en el marco de la vida de los beduinos o de los cultivadores del oasis, aunque también de los comerciantes, los grandes caravaneros, los navegantes y los pescadores; no narra la creación por sí misma, sino que habla de ella para subrayar la omnipotencia de Dios y la debilidad humana. Todo converge en la evocación de la omnipotencia de Dios, cuyas órdenes obedecen todos los seres. El Islam se inserta fundamentalmente en el Islam cósmico: todo lo que existe, en la tierra o en el cielo, se prosterna ante la majestad de Dios: la sombra que se alarga por la mañana y por la tarde simboliza esta prosternación de los seres.

Los dones divinos
La utilidad que los seres ofrecen a los hombres se menciona con tal insistencia que se diría que el Corán pretende seducir al hombre por interés. Pero también se sugiere un aspecto de la creación que excede al hombre y no le atañe: es frecuente la expresión "creó para vosotros". Así, por ejemplo, la Luna, con sus fases sucesivas, sirve para fijar los días y los meses y, por tanto, para calcular el tiempo. Todo esto supone misericordia por parte de Dios.

La vida humana es la de cada día y tanto el Corán como la práctica de los musulmanes lo suponen claramente. Dios es Todopoderoso, hace lo que quiere y nadie puede impedir que realice lo que ha decidido, nadie puede pedirle cuentas. Pero deja a los hombres que obren sin salir del marco de su vida. Excepto en el caso de la guerra santa, sólo les exige que obren bien allí donde se encuentren, que no cometan excesos, que utilicen con mesura los bienes concedidos aun en el caso de desprenderse de ellos para ayudar a los pobres.

En cuanto a los comerciantes, Dios ha enviado al Profeta para pedirles que sean honrados en sus transacciones, que el Corán llama "favores" de Dios. El comercio está permitido tanto en la peregrinación, una vez terminadas las ceremonias, como los viernes excepto en la hora de la oración del mediodía; la misma guerra santa se presenta como un trueque comercial por el que el musulmán renuncia a su vida y la ofrece a Dios, quien le promete a cambio el paraíso, "el Jardín" que es también la sede de una vegetación maravillosa.

Cuando se alude -brevemente- a técnicas en la elaboración de la vestimenta y las armas, a la construcción de viviendas, a la fabricación de utensilios..., estos procedimientos se presentan como dones del Señor a fin de subrayar la bondad de Dios para con el hombre y de provocar su agradecimiento. El musulmán cree en la omnipotencia de Dios, que ha creado y dado forma al hombre a partir de la arcilla.

El hombre es débil
Una vez ha nacido, el hombre crece, alcanza la plenitud de la fuerza y luego se encorva y declina. Entonces Dios llama ante Sí a los que Él quiere, y a los otros se les deja que alcancen una edad decrépita para que, después de haber sabido, terminen no sabiendo nada. A veces el Corán recuerda al mismo tiempo la ignorancia del hombre y la suerte que le espera, ante la cual está inerme. Estos avisos ayudan al hombre a mantenerse en su sitio frente a su Señor y Maestro, así como a mantener vivo su agradecimiento por los beneficios recibidos. Quien se haya dado cuenta de hasta qué punto todo lo que posee procede de Dios, no podrá menos que emocionarse al leer aleyas tan sumamente sencillas como la que sigue: Él es quien os ha creado, quien os ha dado el oído, la vista y el intelecto. ¡Qué poco agradecidos sois! Desde el principio, las simples afirmaciones del poder de Dios y de la nada del hombre suscitan una reacción, un grito de alabanza a Dios, una censura del hombre que se atreva a discutirlo. La creación es obra de Dios; el hombre debe alabarle. La creación misma canta la gloria de Dios y proclama su unicidad. El hombre es invitado a meditar en la creación y a invocar a Dios "de pie, sentado o prosternado", es decir, sin cesar y en todo lugar. La mística de la creación se encuentra así en el centro de una profesión de fe ingenua y sencilla de Abraham, que agradece a Dios todos sus beneficios.

El hombre es libre, dotado de inteligencia. Se le pide que reflexione, que obre, que comercie, que trabaje, etc. Pero también que invoque a Dios, que le ruegue y alabe. Se le pide que refiera a Dios todas sus actividades.

El Señor resucitará a los muertos el último día, y el hombre deberá dar cuenta de todo lo que haya hecho. Se presentarán los libros de las acciones humanas: los buenos irán al paraíso y los malo al infierno. Por tanto, mientras está sobre la Tierra, el hombre puede y debe pedir perdón porque cuando se acerque la hora del Juicio será ya demasiado tarde. Se encontrará solo ante su Juez, ante Dios, Dueño del día del juicio. No habrá mediador, aunque muchas tradiciones musulmanas hablan del papel de intercesor que entonces desempeñará Mahoma.

El Corán enseña un humanismo compatible con todas las sociedades basadas en la familia, la patria, el trabajo y la propiedad concebida en sus justos límites. Por ello el Islam pudo adaptarse a civilizaciones diferentes en Asia y en África -y actualmente en todo el mundo-, comunicándoles al mismo tiempo un sello que le es propio: la incesante proclamación de la grandeza de Dios y la práctica de un cierto número de conductas que marcan la vida social.





La comunidad musulmana

Perfección del plan divino
El Corán describe el nacimiento de una comunidad, pero un poco por todas partes asoman reacciones y reflejos defensivos ante un peligro; en el diálogo se comprueba frecuentemente la fuerza de este sentimiento común. La lucha contra el paganismo, las dificultades y la austeridad de vida de los primeros años, el orgullo de sentirse pueblo de Dios, todo eso cimentó la unión entre los musulmanes.

Dirigiéndose a Mahoma, se dice de Dios en un pasaje del Corán: "Él es Quien te ha fortalecido con su auxilio y con los creyentes, cuyos corazones Él ha reconciliado. Tú, aunque hubieras gastado todo cuanto hay en la Tierra, no habrías sido capaz de reconciliar sus corazones. Dios, en cambio, los ha reconciliado. Es poderoso, sabio". O también: "Recordad la gracia que Dios os dispensó cuando erais enemigos: reconcilió vuestros corazones y, por Su gracia, os transformasteis en hermanos". Y esta aleya que actualmente es quizás una de las más citadas en los sermones: "Sois la mejor comunidad humana que jamás se haya suscitado".

Esta comunidad representa, en la perspectiva musulmana, la cumbre de la historia de la humanidad, la perfecta realización del plan divino. Preparada con una serie de ensayos, todas las comunidades anteriores fracasaron y la lección de su fracaso permite apreciar mejor las cualidades del Islam como la comunidad del fin de los tiempos.

Partido de Dios
Ahora bien, ¿cómo caracterizar a la comunidad musulmana tal como la define el Corán? ¿Es una confesión religiosa o un Estado político? En primer lugar, hay que señalar la ausencia de jerarquía en el orden religioso. El Profeta recibe directamente su misión de Dios y en la comunidad nadie goza de poderes religiosos que los otros no puedan tener. Existen jefes, pero tienen un poder político. El Islam no tiene ningún sacerdocio, todos los musulmanes son iguales ante Dios: "Os creamos de un varón y de una hembra e hicimos de vosotros pueblos y tribus, para que os conozcáis unos a otros. Para Dios, el más noble de entre vosotros es el que más Le teme". Esta aleya se opone a toda discriminación basada en la clase, la inteligencia o la raza. No admite más que una fuente de distinción: el grado de temor de Dios. Esto significa que forman capítulo aparte los musulmanes que tienen un auténtico temor a Dios. Todos los hombres son iguales, pero los musulmanes poseen una nobleza particular. Se presentan como el pueblo de los que, de verdad, temen a Dios.

El Islam será, pues, una comunidad de laicos, a los que el Corán asigna unos objetivos concretos: fraternidad, y propagación del ideal de la ley musulmana. En una ocasión llama a esta comunidad "pueblo de Dios" en oposición al pueblo de Satanás. En este plano de afiliaciones, el musulmán no se afilia sin reservas más que a otro musulmán, aunque no le esté prohibido mantener relaciones sociales con otros hombres, siempre que éstos no ataquen al Islam. En cualquier caso, tiene el deber de ser justo con ellos.

El prototipo de ciudadano musulmán
En la persona de Mahoma aparece el tipo humano preconizado por el Islam y en él la comunidad busca la realización del ideal coránico: generoso, paciente y valeroso, perdona después de la victoria, pero sabe mostrarse duro durante el combate. Permite la poligamia hasta el número de cuatro esposas (su estado personal constituye un caso aparte y el Corán lo soluciona directamente), y todo amo tiene derecho a unirse con sus esclavas. El repudio es lícito en ciertas condiciones, aunque no se recomienda, sino que el Corán indica medidas para reconciliar a los esposos y, en todo caso, insiste en la justicia que debe observarse frente a determinados problemas de la relación.

Se alaba el perdón, en primer lugar, para restablecer la paz en el interior de la comunidad y, en general, sabiendo que este gesto podrá conmover el corazón del adversario y convertirle en amigo. Pero el que quiera hacer valer su derecho de talión puede hacerlo. Y en la guerra que se combata con firmeza.

Los compañeros de Mahoma eran "severos con los infieles y cariñosos entre sí". Eran para la paz, pero para la paz de los fuertes, después de la victoria. Y la guerra ocupa un lugar destacado en el Corán: guerra para regresar a La Meca, guerra para someter a los que en Arabia se habían negado a aceptar la ley musulmana, guerra contra los perseguidores de los musulmanes. Tienen éstos una misión que cumplir en el mundo y no temen a la muerte, piensan en la felicidad que el Corán les promete.

Al musulmán se le permiten los bienes terrenales, pero no debe gozar de ellos sino con mesura y sin excesos. Se censuran las renuncias del monacato y las tradiciones narran que a Mahoma le gustaban la oración, el perfume y las mujeres.

En el Corán se encontrará toda una legislación referente al estatuto personal, así como a la observancia religiosa. Varios textos tocan también las prohibiciones alimentarias, la guerra, los contratos y la usura, que se prohíbe de manera expresa. Se alude a la esclavitud como hecho social de la época, pero se cita la manumisión como algo recomendable y hasta se prescribe para reparar algunas infracciones de la ley.

La comunidad musulmana presenta, pues, un aspecto característico. Ha conocido, a través de la historia, diferentes formas. Al principio, imperio árabe unificado bajo el mando efectivo del califa; luego, yuxtaposición de Estados independientes unidos por la misma fe en el Corán y con un califa que gozaba sólo de un título honorífico; finalmente, desde que se suprimió el califato, un conjunto de Estados unidos por la misma fe, que aspiran a cierto acercamiento. La expresión más sencilla y más elocuente sería, tal vez, la de pueblo o partido de Dios. Tendríamos que añadir que esta comunidad encuentra en el Corán algunas directrices o normas de conducta, pero se deja a los creyentes gran parte de las iniciativas.